Analogías, convergencias y divergencias entre la fotografía química y digital
No cabe duda que la fotografía digital mejora sustancialmente en prácticamente todos los aspectos a la química, por lo que es obvio que no entraremos en comparaciones cualitativas pero sí mostraremos las analogías que existen entre ambas tecnologías.
Zumaia. Fotografía de Enric de Santos.
Establecer analogías entre dos tecnologías diferentes acostumbra a ser útil cuando una de ellas se conoce, pues sin duda nos ayuda a comprender con más facilidad la otra.
Dicho esto, intentemos establecer las analogías más evidentes que existen entre la fotografía química y la digital, anticipando que este apartado va dirigido casi exclulsivamente a aquellos que, tras haber caminado algún tiempo por la senda del hiposulfito han tomado la decisión de probar suerte con los píxels.
No estará de más que intentemos diferenciar entre lo que verdaderamente son analogías y elementos sustitutivos ya que de lo contrario podemos caer en la trampa de comparar dos cosas totalmente distintas y acabar creando confusión.
Un ejemplo que sin duda nos puede servir no es otro que intentar crear una analogía entre el "Grano" y el "Ruido". No es por casualidad que aparezca este ejemplo, sino más bien porque en no pocas ocasiones hemos observado como se cometía ese error.
Cuando hablamos de grano nos referimos a la unidad en fotografía química y de su cantidad y tamaño depende algo tan importante como la nitidez. Su analogía digital la encontramos en el píxel y a pesar de que el aspecto físico que produce en una imagen de esta naturaleza el ruido, sin duda más parecido al grano que el propio píxel, nada tiene que ver con él ya que su aparición responde a fenómenos derivados del tipo de sensor y de la exposición. Si algún aspecto del ruido guarda relación con el grano es que a más sensibilidad más ruido y posiblemente éste sea el único motivo por el cual en ocasiones se llegue a confundir.
El sensor hace el papel que hasta hoy había desempeñado la película, convirtiendo en pequeñas descargas eléctricas que posteriormente se codificarán los rayos de luz que le llegan a través del objetivo.
De igual manera, los haluros de plata que formaban la emulsión quedaban afectados por dichos rayos, dando como resultado una imagen latente que para convertirse en real debía ser revelada. Este último aspecto es importantísimo y si bien en fotografía química no quedaba espacio para la duda, en la digital parece ser que sí.
La única imagen digital que podemos comparar con una imagen latente o negativo sin revelar es el archivo RAW que, una vez captado, necesita una manipulación como si de un revelado tradicional se tratara.
Cualquier otro formato de archivo se podía comparar a un negativo revelado del que muy pocas mejoras podremos obtener.
No hace tanto tiempo, después de una sesión fotográfica, regresábamos a casa con nuestros carretes. En la actualidad éstos han sido sustituidos por tarjetas de memoria que, de la misma forma que nuestros chasis nos permitían transportar las imágenes latentes hasta el laboratorio, contienen el resultado de nuestro trabajo antes de que decidamos descargarlo al disco duro del ordenador.
A partir de ese momento y de igual manera que hacíamos con nuestras películas, accederemos al laboratorio, aunque en esta ocasión digital.
La impresora es el elemento responsable de sustituir a las ampliadoras y si bien en los inicios de la era digital la distancia entre la calidad de los resultados obtenidos con cada una de estas copiadoras era abismal, en la actualidad, como tendremos ocasión de ver más adelante, no sólo han llegado a igualar dichos resultados, sino que los superan con creces en prácticamente todos los terrenos.
Sin embargo, y ya que hemos hablado de analogías, no estaría de más mencionar que existen algunos aspectos que podríamos definir de muy diferentes e incluso antagónicos, pues mientras la película, exceptuando la diapositiva que interpone un proceso de solarización química en su revelado, da siempre como resultado una imagen en negativo ya que las zonas más afectadas “ennegrecidas” son las que corresponden a las que más luz reciben, las imágenes digitales siempre son positivas, pues no en vano al dispositivo encargado de efectuar la conversión de la información analógica a digital se le ha incorporado la información necesaria para interpretar cada intensidad eléctrica con el tono que le corresponde.
Otra gran diferencia estriba en el fallo de las leyes de reciprocidad que se produce cuando trabajamos con película ya que no podemos olvidar que estamos hablando de una reacción foto química, donde se origina un proceso físico simultáneamente a otro químico, de ahí que se representen los distintos ennegrecimientos mediante una curva formada por tres porciones que definen mediante talón, pendiente y hombro, sombras, grises y altas luces, llegando a poder decir que con valores lumínicos inferiores a 1 lux y superiores a 10 no existe reciprocidad entre intensidad y tiempo de exposición, mientras que las microcélulas o fotodiodos que componen un sensor tienen siempre una respuesta, en este caso física, que en todos los casos es directamente proporcional a la intensidad de luz que les llega, sea cual sea ésta, por lo que se representa mediante una línea recta.
Créditos
El texto siguiente ha sido escrito por Enric de Santos y Arnaud Bayle. Fue publicado por la editorial Artual Ediciones, S.L.












