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Cuando la arquitectura se convierte en arte visual

La globalización ha hecho que los mismos arquitectos transformen sus obras en iconos, construyendo los mismos edificios en diferentes partes del mundo.

La arquitectura contemporánea se dirige al ojo. La globalización ha hecho que los mismos arquitectos transformen sus obras en iconos, construyendo los mismos edificios en diferentes partes del mundo. Podemos decir pues que la arquitectura se ha convertido en un arte visual, porque busca un impacto inmediato, casi publicitario, como consecuencia de la comercialización del mundo y de las implicaciones económico-políticas que lo rigen. 

     Llegamos de esta manera a una doble vertiente en la que, por un lado se enfatiza al arquitecto “superstar” y por el otro se desvirtúan, cuando no se aniquilan las estructuras culturales específicas de cada cultura, despersonalizándolas y privándolas de esa “geografía emocional” que hace de una ciudad un espacio para vivir, en el que el hombre afianza su identidad y se reconoce en el trato que establece con las cosas. Hace más de 50 años Martin Heidegger recordaba que “la manera según la cual los hombres somos en la tierra es el Buan, el habitar [1]”.

La arquitectura debería estar pues social y culturalmente orientada, pero muchas veces se dirige a la creación de monumentos referenciales, sirviendo más para unos fines egocéntricos y limitados que para los seres humanos y su goce. Con palabras del gran urbanista Manuel de Solà-Morales “El éxito publicitario de la mayoría de las arquitecturas más famosas es un enemigo. No sé si es una tumba, pero desde luego es una enfermedad [2]”.

 En el ámbito del arte conceptual y su reflexiones acerca de la arquitectura, numerosos artistas han desarrollado su discurso estético planteando cuestiones en torno al espacio público, el urbanismo y sus consecuencias sociales, abordando temas como la arquitectura efímera, el reciclaje, las estrategias de ocupación e intervención urbana, la incorporación de prótesis a edificios construidos o la participación ciudadana en los procesos de toma de decisión sobre asuntos urbanísticos.

 Artistas como Carlos Garaicoa o Santiago Cirugeda revindican planteamientos artísticos involucrados en el espacio público a través de acciones urbanas en las que incorporan elementos en la vía pública, provocando el desconcierto y la participación activa de los transeúntes, aunque tan sólo sea a nivel de utopia, de juego y de propuesta que tal vez pueda llegar a realizarse o tal vez no,.. lo que importa es dar forma a un sueño.

 En un mundo, dominado por la publicidad, que nos hace pensar que lo necesitamos todo, menos lo que realmente necesitamos, la frase de Fernando Savater “Mi sueño es el de Picasso, tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres”, marca la paradoja de esta sociedad en la que estamos subyugados por las cosas y como en la novela de Palahniuk “Lo que poseemos acaba poseyéndonos [3]”. Quizá el secreto de la felicidad cifre realmente en no tener más necesidades que la de encontrar un lugar en el mundo donde nos sintamos parte de lo que nos rodea, y capaces de compartirlo con los demás, para volver a formar parte de ese hogar común que nos ha tocado en suerte.

Al verlo con esa perspectiva, nuestro “espacio vital” se dilata y se extiende: ya no son las cuatro paredes de la casa, casa “búnker” o casa “cárcel”, madriguera-refugio que hay que defender contra el “enemigo”, ni las calles de los barrios suburbanos, ese mundillo deshumanizado y deshumanizante, sin alma ni historia, que acaba deconstruyendo la ciudad y la vida social y simbólica que se desarrolla en sus formas espaciales: “de la vida asociativa de la ciudad se pasa a la vida disociativa o disociada, [...] se recrea una suma de individualismos que compiten entre sí y desconfían unos de otros” [4]

En una ciudad “de” y “para” el hombre, para vivir y - ¿por qué no? - para ver, que como la Zaira y la Tamara de Italo Calvino, nos cuenta su pasado “en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras...” y “La mirada recorre las calles como páginas escritas [5]”, ya no hay enemigos, sino personas y, como ellas, sus casas, sus calles y sus ciudades deben aprender a abrirse y a comunicar.

 Hoy en día son ya muchos los arquitectos y urbanistas que apuestan por una construcción que recupere una dimensión “natural” sin perder su  calidad técnica y tecnológica. Edificios como el Kitchen Monument, en el que una burbuja neumática se convierte en espacio efímero y polifuncional, capaz de viajar, como un sueño, a todas partes, y de dar cabida a todo lo que une o divierte, fiesta, espectáculo, refugio... o el puente peatonal del estudio Miró Rivera, que une la fuerza del acero con la ligereza de la caña parecen parecen hacer efectivas las palabras de Carlos Garaicoa "Estoy profundamente convencido de que la arquitectura representa un puente entre la memoria colectiva y el futuro, en el que las utopías y los sueños pueden hacerse realidad [6]".

Otro mundo es posible.

[1] "Construir, habitar, pensar" conferencia, 1951

[2]Me interesa la piel de las ciudades”. Entrevista, El País semanal 12/10/2008

[3] Chuck Palahniuk, El club de lucha, El Aleph Editores, Barcelona 1999

[4] Rubén Pesci, La ciudad in-urbana, CEPA,La Plata, 1985 

[5] Italo Calvino, Las ciudades invisibles, Plaza, Madrid, 1998

[6] Carlos Garaicoa. La Generazione delle immagini. Postmedia books. 2003

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Publicado por antonella montinaro el 18 de Octubre de 2010

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