De Galicia a Alicante para hacer el voluntariado
Aunque en su mayoría están formados por habitantes de la provincia, los campos de voluntariado medioambiental de Alicante acogen a gente de cualquier parte de España. Cada año, voluntarios de toda la geografía disfrutan de la experiencia de servir a la naturaleza cuidando el entorno y previniendo su deterioro. Como Carlos, que este verano ha viajado desde Galicia hasta Castell de Castells.

A sus 32 años, es todo un experto en campos de voluntariado. Desde que acudiera al primero de ellos en el año 2000, Carlos Rodríguez no ha parado de dedicar sus vacaciones de verano y sacrificar parte de su tiempo libre al cuidado desinteresado de la naturaleza. País Vasco, Cantabria, Granada, Almería, Zamora y, por supuesto, Galicia son algunos de los lugares donde este coruñes de Ribeira ha pasado. Para este verano decidió ejercer su labor solidaria en una zona desconocida hasta el momento para él: el Levante. Así que durante parte del mes de agosto ha sido uno de los integrantes en Castell de Castells de los campos de voluntariado de Alicante organizados por UmadXXI para La Dipu y la CAM.
Su primera sorpresa, la orografía. "Todo el mundo en Galicia, incluso yo, pensaba que me venía a la playa cuando les hablaba de Alicante, pero he quedado sorprendido con la cantidad de montaña que hay en la provincia", reconoce. "Es una zona fantástica que te permite hacer muchas cosas", explica. Muchas de ellas, señala, nunca antes realizadas en los campos de voluntariado donde había estado. "Por ejemplo, el senderismo. Kilómetros y kilómetros de andar por la montaña. Es algo que normalmente gusta mucho a la gente", señala.
Técnico en medioambiente de profesión, Carlos tiene capacidad de juicio suficiente para valorar de forma justa y objetiva los campos a los que acude. Y al voluntariado de Alicante le ha causado una impresión sobresaliente. "Está muy bien medido el tiempo libre y el de labores de prevención y vigilancia. Además, organizan talleres muy interesantes como el del planisferio, en el que nos han enseñado a localizar las estrellas", dice. Además, resalta la medida justa que para él tienen los grupos. "En este somos 15 personas, cuando he estado en sitios donde eran 30. Valoro mucho esto porque así tienes contactos con todos y se crea un equipo unido sin que se formen grupos aislados".
La comunión con la naturaleza, su cuidado y protección son los valores más importantes para Carlos, que además se lleva la experiencia personal de haber conocido y convivido con gente de otras comunidades, con el enriquecimiento personal que eso supone. A buen seguro que guardará un buen recuerdo de los campos de voluntariado medioambiental de Alicante.











