El iPhone llega a España (parte 1)
Apenas falta un mes para que, si todos los pronósticos (y globos sonda enviados por Apple) son medianamente correctos, el teléfono de Apple aterrice en España.
Lo cierto es que lo que se dice aterrizar lo hizo bien pronto, ya que en multitud de blogs pudimos leer diversos testimonios de gente que, incluso algunos a caso hecho, se encontraban en EEUU aquel 29 de Junio de 2007 en que el teléfono se puso a la venta, alcanzando las 270.000 unidades vendidas sólo en aquel fin de semana.
Ahora bien, ¿qué secreto hay detrás de este teléfono? ¿realmente cumple las expectativas que se crearon en su momento o se quedado en un cacharro muy chulo con un enorme hype orquestado a la perfección desde Cupertino?
Lo primero a tener en cuenta es que el iPhone que ahora mismo (con dificultad) se puede comprar en las tiendas poco tiene que ver con el dispositivo en que se va a convertir tras la puesta en marcha de la revisión 2.0 de su firmware.
¿Por qué digo esto? Porque el verdadero potencial del iPhone lo vamos a poder ver una vez empiecen, por un lado, a aparecer las aplicaciones destinadas al sector empresarial (soporte vpn, acceso a servidores exchange, ...) y, por otro lado, cuando una miríada de aplicaciones de terceros aparezcan en la tienda que apple ha creado para la ocasión (y esta vez sin necesidad del installer.app, claro). Ya en aquella breve keynote de hace un par de meses nos quedamos fascinados con lo que varias empresas, en apenas unos días, habían sido capaces de desarollar usando el SDK del iPhone, así que ahora que tanto esas empresas como pequeños desarrolladores han tenido algo más de tiempo, el aluvión de aplicaciones de todo tipo (sí, tranquilos, también juegos) diseñadas para el iPhone está más que asegurado.
En segundo lugar, el iPhone no se limita de un pequeño prodigio de la tecnología (se estima que la inversión que ha hecho Apple para crearlo ronda los 150 millones de dólares... y anda que no mola la pantalla multitáctil, ¿verdad?), sino que consigo ha llevado de la mano una revolución a un mercado que, desde luego, la necesitaba.
Cierto es que que la telefonía móvil apenas lleva una década y media entre nosotros, pero su modelo de negocio poco (o nada) ha variado en todo este tiempo, cayendo en una espiral de tecnologías y protocolos (wap, i-mode, gprs, ...) que se sucedían uno detrás de otro con dos características en común: solían estar obsoletos una vez llegaban al mercado y su uso era muy (muy) caro para los usuarios.











