Estructuras, influencias e identidad digital
Las influencias que condicionan la actividad del ser humano se encuentran, en gran medida, definidas por su red de contactos, y ésta, a su vez, por la distancia física. Internet lo redefine todo: ahora el concepto de distancia adquiere un valor más cualitativo y la red social puede ampliarse hasta límites insospechados. Los márgenes de influencia, en este caso, se amplían considerablemente convirtiendo a la persona en un sujeto más libre.
“Es una paradoja intentar conocer la naturaleza no condicionada del ser humano, pues la esencia de la naturaleza humana es estar condicionada”, ya lo decía el antropólogo Géza Róhei. Innatistas y ambientalistas llevan años librando una batalla dialéctica sobre qué es lo determinante en el desarrollo psicológico y conductual de las personas: la herencia genética o los factores del entorno, pero incluso los procesos genéticos tienen lugar en un contexto ambiental. No hay que ser radicales, ambos factores son influyentes.
En cuanto al entorno, tradicionalmente la interacción entre el ser y lo que le rodea se ha producido sólo con aquello que estuviese espacialmente a su alcance. Ahora, gracias a las nuevas tecnologías, esto no ha de ser siempre así. Gracias a Internet podemos estar en contacto con personas de todas las partes del mundo y, de esta forma, lograr que nuestra red social crezca hasta límites inimaginables para alguien que no disponga de estas herramientas.
Podemos estar en contacto con muchísimas personas y enriquecer nuestro espíritu con una notable variedad de culturas; establecer lazos, en definitiva. Aunque al igual que nuestro cuerpo físico, la identidad digital también puede estar más o menos cerca de otros seres humanos, no tanto por el espacio que separe a uno del otro, sino por la frecuencia de contacto, la afinidad o la visibilidad. Se forman, de este modo, redes sociales donde la influencia está marcada por una cercanía que no es física, sino virtual, y con unas propiedades muy concretas.
Las propiedades que surgen de la estructura de las redes son semejantes a las que derivan, por ejemplo, de la organización atómica del carbono. “Organizando los átomos de forma reticular se obtiene grafito, que es blando y oscuro, pero ordenándolos de una forma distinta se obtiene diamante, que es claro y duro. Estas propiedades de suavidad, dureza, oscuridad y claridad no residen en los átomos de carbono, sino en las conexiones entre éstos. De igual forma pasa con las personas -dice Nicholas Christakis en una de las charlas TED-, es el vínculo entre las personas lo que hace que el todo sea mayor que la suma de sus partes. Nuestra experiencia del mundo depende de la estructura de las redes en las que residimos”.
Si la estructura abarca miles de conexiones y sabemos mimar los lazos que las unen, nuestra identidad digital podrá nutrir a nuestro cuerpo físico de una influencia mucho más sabrosa y con unos márgenes donde podamos movernos con mayor libertad.











