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La recomendación de Claudia Llosa

“Werckmeister Harmonies”, de Béla Tarr.

 
Aprovechando la entrevista que hicimos a Claudia Llosa por el estreno de su nueva película, le pedimos a la directora que nos recomendara un título para incluir en nuestro grupo Cineforum. Nos apetece que todo el que se acerque a este espacio nos de pistas de qué cosas le interesan, por un motivo u otro, y que compartamos así nuestra sana afición por descubrir películas y cineastas.  

Claudia me pregunta sorprendida -supongo que por lo difícil que resulta contestar con un único título a mi propuesta- “¿una película? ¿del mundo mundial?”. Y no duda luego en recomendarme “Werckmeister Harmonies” (2000), del húngaro Béla Tarr. No podía haberme regalado mejor recomendación que ésta; en seguida le confieso que se trata de uno de mis directores favoritos, en concreto, “Werckmeister Harmonies” es una película que forma parte de mi manual de cabecera, y sus imágenes están integradas dentro de mi imaginario cinematográfico más personal. Esta película me llevó a seguir la pista, no sólo del resto de la filmografía de su director, sino también de László Krasznahorkai, el escritor y guionista con el que suele trabajar y cuyas novelas Béla Tarr adapta con maestría. “Melancolía de la resistencia” (1989) es, en concreto, el título traducido al castellano de la novela que dio origen a esta película.


    La película                                                      La novela
Normalmente, cuando uno ve un filme cuya novela ha leído con anterioridad, o el visionado de una película le lleva a leer la novela que la inspiró, hace un pequeño ejercicio de comparación que se reduce, finalmente, a un “me gustó más la novela”, o, en el menor de los casos, al comentario “la película es mejor”.

Ni una novela ni una película utilizan las mismas herramientas para narrar y para hacer visibles o invisibles sus mecanismos, eso lo sabemos todos. En este caso, el ejercicio de comparación no nos llevaría a quedarnos con una u otra herramienta narrativa, sino a comprobar que tanto Béla Tarr, a través de la creación de imágenes, como Krasznahorkai, a través de la creación lingüística, han conseguido por igual construir dos atmósferas desoladoras, terroríficas, lúgubres, llenas de claro-oscuros, pero también de una belleza extrema, casi hipnóticas, y contenedoras de una amarga ironía con regusto a humor negro. Y las melodías de Víg Mihály, el compositor de la mayoría de sus películas, convierte la hipnosis visual vivida por el espectador en una hipnosis también auditiva.


Los constantes travellings y los largos planos secuencias en Béla Tarr resultan tan intensos como la ausencia de puntos y apartes, y las extensas subordinadas en Krasznahorkai. Y en ambos, el recorrido de los personajes por una anónima ciudad húngara, susceptible de ser circunscrita en cualquier punto del mapa del Este europeo, dibuja el movimiento pendular que supone pasar de la utopía al desencanto, y restablecer después la utopía, de nuevo, desde ese desencanto. La concentración temporal es quizás el elemento más importante en esta narrativa sin épica, que reflexiona sobre la violencia y el poder, sobre la revolución y el conformismo, sobre el desencanto y la utopía (por citar el estudio  de Claudio Magris), sobre la melancolía y la resistencia.


Christoph Meyer-Wiel, el productor de “The man from London” (2007), la última película de Béla Tarr, ha comentado, sobre “Werckmeister Harmonies”, que algún día espera filmar una película así… Y luego morir. Confiesa que hubiera deseado participar en el rodaje de esta película, aunque fuera en el papel de la ballena. Y es que toda la historia gira en torno a la llegada de unos feriantes que se instalan en el escenario de la anónima ciudad, y cuya función consiste en vender la entrada para contemplar la inmensidad de una ballena muerta.


La ballena es contemplada desde su llegada como la amenaza, la presencia de lo inevitable, aunque su posición sea la del único “personaje” inmóvil, como representación de la verdadera inacción física frente al continuo vagabundear de personajes que se mueven de un lado a otro, pero que viven en otros tipos de inacción. La ballena de Herman Melville acude rápidamente a mi cabeza, cargada de simbolismo, sobre las posibilidades del ser humano de enfrentarse a un destino inexorable que cree poder dominar. Sin embargo, en la ciudad húngara la ballena está muerta y desterritorializada, se ha convertido en espectáculo, en imagen. Se le ha vaciado de todo contenido épico, heroico, de aventuras transoceánicas. Un enorme animal, completamente descontextualizado, que no cabe en el campo visual de los personajes y mucho menos en su campo de comprensión. 

Os dejo unos fragmentos de la película por aquí, sin orden ni concierto, sólo para suscitar unas primeras impresiones si alguien no ha tenido la suerte de verla o tiene la suerte de verla por primera vez. 

También incluyo la secuencia inicial de su última película, “The man from London”, y os anuncio que ahora mismo está preparando el rodaje de su nuevo proyecto “A Torinói ló”. De nuevo, escribe aquí el guión en colaboración con László Krasznahorkai.

Y en el grupo Historias Breves os he dejado un corto suyo, “Prologue", que forma parte de un interesante proyecto coral titulado "Visiones de Europa". Si le dais aquí llegáis hasta él.


(Muchas gracias Claudia, esperamos que nos vayas recomendando más títulos interesantes que apuntar aquí).


 

Fragmento 1

Fragmento 2

Fragmento 3

Secuencia inicial de “The man from London”, su útlima película

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Publicado por Celia el 11 de Febrero de 2009

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