Lumière & Depardon (5/40)
El fragmento que os paso hoy de Lumiere et Compagnie es sólo una excusa para despertaros la curiosidad por la obra de su director, Raymond Depardon, quizás más conocido por sus trabajos como fotógrafo que por su obra como cineasta y documentalista.



© Raymond Depardon
“Una fotografía y un plano cinematográfico no funcionan de la misma forma. Por otro lado, nunca he hecho filmes de fotógrafo. Siempre he separado la práctica de la fotografía de la del cine. Sólo ahora empiezo a comprender la razón. Mi impresión es que tengo puntos débiles en la fotografía, por lo menos según la óptica de la escuela francesa del instante decisivo. Sé que es importante la fracción de segundo, pero me siento más próximo a gente como Walker Evans o Robert Frank. Sus fotografías pueden haber sido tomadas un segundo después o un segundo antes. Lo importante no es esto. Lo es todo: el encuadre, la luz, el aire, la atmósfera, el espacio. Esto no descansa enteramente sobre el instante decisivo. Me he dado cuenta de que cuando tenía verdadera necesidad de mostrar el instante decisivo prefería utilizar la cámara y el sonido. Podría haber fotografiado muy bien con una Leica al comisario que filmé en Faits divers, o mostrar a la gente que se mete el dedo en la nariz, o que no dice nada, tal y como se hace en la escuela francesa del reportaje... Pero para hacer esto me parece que es mejor hacerlo con el sonido” (Raymond Depardon).
“Cada uno de los planos que filma Depardon adquiere inmediatamente el digno valor de un documento sobre un fragmento del ser humano en toda su complejidad, y se propone como un pedacito de realidad sobre el que no debe haber ninguna idea preconcebida ni ningún punto de vista ideológico, sea éste cual sea. Todos los fragmentos de realidad atrapados por su cámara y su casete conservan, años y decenios después, todo el peso de su realismo, su potencial de posibles interpretaciones, su viva opacidad que nada ni nadie ha logrado reducir antes de la cuenta ni, aún menos, a priori” (Comentario de Alain Bergala, autor de numerosos artículos y ensayos sobre cine).
“Cada uno de los planos que filma Depardon adquiere inmediatamente el digno valor de un documento sobre un fragmento del ser humano en toda su complejidad, y se propone como un pedacito de realidad sobre el que no debe haber ninguna idea preconcebida ni ningún punto de vista ideológico, sea éste cual sea. Todos los fragmentos de realidad atrapados por su cámara y su casete conservan, años y decenios después, todo el peso de su realismo, su potencial de posibles interpretaciones, su viva opacidad que nada ni nadie ha logrado reducir antes de la cuenta ni, aún menos, a priori” (Comentario de Alain Bergala, autor de numerosos artículos y ensayos sobre cine).
En 1980, Raymond Depardon y su sonidista Sophie Ristelhueber se adentraron en el vetusto hospital psiquiátrico de la isla de San Clemente, cerca de Venecia, construido en la época donde la única terapia para los enfermos mentales era el encierro. El documental, rodado durante el célebre carnaval, traza un retrato imborrable de los pacientes, familiares y personal médico que se dan cita en el laberíntico y neblinoso hospital veneciano, quizá para mostrar por última vez los vestigios de un mundo que desaparecería para siempre tras su clausura definitiva.
Urgencias
Siete años después de San Clemente, Depardon retomará su retrato de la marginalidad en el ámbito psiquiátrico emplazando su cámara en el Servicio de Urgencias Psiquiátricas del Hôtel-Dieu, en París. Depardon optará esta vez por el estatismo de una cámara que basculará entre la lejana distancia de observación y la extrema cercanía de su participación emotiva con los pacientes retratados, traídos la mayoría de ellos por la policía, y que tratarán de conformar un discurso que dé cuenta de su malestar y desesperación.
Delitos Flagrantes
Durante 5 semanas, Raymond Depardon filmó el itinerario procesal de personas detenidas en flagrante delito, desde su llegada al Palacio de Justicia de París hasta la entrevista con el sustituto del fiscal y el abogado de oficio. Ante su cámara, estática e imparcial, se desvelan las circunstancias y autores de cada delito para conformar un retrato magistral de la ciudad de París a través de la pugna a veces trágica, a veces cómica, otras despiadada, entre los funcionarios de la ley y los detenidos.
10ª Sala. Instantes de Audiencias
Diez años después de Delitos flagrantes, Depardon vuelve a adentrarse en el funcionamiento del sistema judicial francés. Durante tres meses, de mayo a julio de 2003, obtiene la autorización excepcional para filmar las audiencias de la 10ª Sala de lo Penal de París. Desde una simple convocatoria por conducción en estado de embriaguez hasta los detenidos de la noche, Depardon nos sumerge en el día a día de un tribunal: doce casos, doce historias de hombres y mujeres que un día se enfrentaron a la justicia.











