"Megaperls". Capítulo segundo
EL IMPERIO CON RESACA
El Sargento Pérez despertó bañado en sudor y con la garganta más seca
que algo que el rubor y la decencia le impidieron plasmar en su
pensamiento. Pero que así, entre machotes, (y todos sus desdoblamientos
de personalidad lo eran) sabemos de que se trata.
No recordaba nada de la noche anterior. Pensó que debía tomar una
decisión.
El Sargento Pérez despertó bañado en sudor y con la garganta seca, de
nuevo. Miró por la ventanilla y comprobó que era de noche. Sin embargo
le tranquilizó mucho caer en la cuenta de que en el espacio siempre era
de noche. No debía ser tan tarde.
Se quitó los calzoncillos para ponerselos de nuevo por debajo del
pantalón y sorbió un largo trago de agua del vaso que había en la
mesilla sin percatarse a tiempo de la dentadura postiza que se hallaba
en su interior.
No quiso ver quién compartía la cama y se dirigió sigilosamente hacia
la puerta. Pero al ver su mano aferrada a la asa se le heló la sangre.
Aquella horrenda visión le estremeció en lo más profundo de sus
entrañas. Aunque algo borroso, el sello que llevaba en su mano era
inconfundible. Dedució inmediatamente, pues no era nadie para esas
cosas, donde había estado la noche anterior. Y sabía que el motivo que
lo había llevado a "Megachupi's" solo podia estar relacionado con otro
brote de amnesia provocado por ese asqueroso fármaco que distribuia
aquella asquerosa rata del espacio que se hacia llamar Megaperl.
Lo odió. Odió su resaca y odió a ese payaso. Y reflexionó:
-Yo he visto servir garrafas más allá de la Nebulosa de Pentium. Y he
visto la regatera de Dolly cuando no tenía mas de diecisiete añitos. Y
ahora todo eso se va a perder como lágrimas en la lluvia
Carles Mestre
22-10-97











